Su Familia

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Un detalle de amor de Dios en la vida del padre Tardif, fue la familia donde fue formado y con ellos él mantuvo una relación llena de amor.  Periódicamente les escribía hermosas cartas contándoles de sus trabajos misioneros, animándoles a la vida de piedad, compartiendo los sentimientos de su corazón y exhortándolos a mantener la unión y las tradiciones familiares.

Fue en esta familia Tardif-Larochelle que el padre Tardif fue leyendo en la vida diaria, con el ejemplo de los padres, el libro abierto de las enseñanzas de las virtudes más excelsas.

A través de los años, él sería llamado, a través del sacerdocio, a vivir la pobreza como estilo de vida y camino de santidad.  La familia Tardif era una familia de labradores del campo que, después de haber vivido en St. Zacharie, tuvo que emigrar a la región de Abitibi.  Al papá no le fue bien en los negocios y le pareció conveniente hacer un cambio.  

De ahí que, el 10 de mayo de 1940 el Sr. Leonidas Tardif llegó a la citada región con uno de sus hijos para construir una casa. La Sra. Larochelle de Tardif llegó dos meses más tarde con los demás hijos; y aproximadamente después de dos años  se mudaron a otra casa donde les quedaba más cerca la iglesia.  

En el año 1956, al padre Tardif le sobrevivían nueve de sus trece hermanos: el hermano Armand, religioso de los M.S.C.; Ivonne, auxiliar del clero; Louis-Philippe, agricultor, padre de seis hijos; Rose-Alma, casada, madre de seis hijos, para entonces residía en St. Pacome; Irene, casada, quien residía en Iroquois Falls; el hermano Louis, O.M.I.;  Adrien, que en esa época permanecía con sus padres; la hermana Adrienne, religiosa de las Auxiliadoras de Nuestra Señora y Armandine, institutriz en Rouyn.

La familia Tardif es otro ejemplo de lo que puede el coraje, la paciencia unida al espíritu de iniciativa.  El papá tiene su prédica como ejemplo del misterio de la tierra, y la mamá tiene su oficio en las almas de los niños sobre la mística de la religión, del sacrificio y del amor; y de la unión de estas dos místicas han nacido estos hijos que hacen a la vez un honor a la patria y a la Iglesia.

Texto extraído del libro: "Un Hombre de Dios" (por María A. Sangiovanni)